Para Tania Soto y Mario de la Rosa, deseándoles el mayor de los éxitos

Los partidos políticos son estructuras que se mueven tanto por intereses e inercias que usualmente son poco capaces para reaccionar ante los cambios sociales. Se dice en este sentido que tienen un retraso de 20 años frente a las necesidades e ideas de los votantes. Si bien hay políticos que han desarrollado canales y tácticas de comunicación directas y más coloquiales, eso no ha implicado que sus gobiernos sean igual de flexible para atender la complejidad contemporánea.

Esta semana el portal Nación 321 (nacion321.com) abrió actividades con una encuesta sobre el voto millenial, formado por quienes nacieron entre 1980 y 2000. En 2018 formarán el 44% de los votantes y si bien el 77% mostró su intención de votar, el 70% no ha sido conquistado por algún candidato e incluso mayoritariamente rechazan a los partidos.

La investigación muestra datos interesantes sobre las preferencias de voto y valores que enarbola esta generación. Cabría preguntarse si los candidatos están listos para conquistar ese voto y las razones sobre un posible éxito o fracaso, especialmente si en este espacio se ha hablado que las condiciones de competencia electoral en México son tan bajas que ningún candidato de nuestro país ganaría una elección según las reglas de otras democracias.

Como resultado de la no reelección, el votante vota más de manera prospectiva que con base en desempeño y esto lo reflejan los candidatos que se muestran punteros en las elecciones. Sólo Miguel Ángel Mancera, Miguel Ángel Osorio Chong y Jaime Rodríguez “El Bronco” han ganado una elección y tienen actualmente un cargo de responsabilidad pública.

Por su parte López Obrador ganó su última elección en 2000 y lleva 11 años sin ostentar cargo público. Aurelio Nuño y José Antonio Meade tienen cargo público y no han ganado una elección. Sólo Margarita Zavala y Ricardo Anaya no han ganado elección de manera directa ni ostentan cargo público alguno. En otra democracia difícilmente serían tomados en serio como contendientes.

De los anteriores Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez son los comunicadores más aptos. Sin embargo el tabasqueño no sale de los cánones, imágenes y prejuicios del viejo nacionalismo revolucionario. Y aunque “El Bronco” ofreció una de las mejores campañas de comunicación en las elecciones de 2015, puede sonar demasiado rupestre fuera del norte.

Si bien la reelección inmediata de legisladores y autoridades municipales ayudará a que evaluemos de manera retrospectiva, pasará un proceso de aprendizaje que puede tomar varios años. ¿Qué hacer en el inter?

Lo principal: cuestionar las reglas del juego. Seguiremos teniendo candidatos poco competitivos si insistimos en conservar una normatividad electoral que es en realidad una ley de protección a un oligopolio: los partidos. No tendrán incentivos para posicionar mejores mensajes si tienen el 12.5% de los tiempos en medios y sólo ellos pueden difundir su mensaje. Tampoco les interesará competir por recursos si el 90% del financiamiento acreditable es público. Si las infracciones no les cuestan más que dinero seguirán violando la ley que ellos mismos pactaron. Tampoco tendremos mejores polemistas o comunicadores si se proscriben las campañas de contraste. Y para colmo, quieren regular el Internet. 

La siguiente gran lucha de la reforma política va a ser por liberalizar las normas electorales.