El pasado 5 de junio terminó un largo año electoral, que inició con la elección extemporánea del gobernador de Colima y terminó en los procesos normales en 14 entidades. Fuimos bombardeados por cientos de horas de spot y expuestos a toneladas de mensajes “sucios”. Por otra parte, la experiencia deja lecciones a los partidos y a los electores.

Van algunos temas que pueden servir de aprendizaje para las próximas campañas:

La “guerra sucia”

Para nuestros políticos, estas campañas fueron las más sucias de la historia y, en un afán por salvarnos de tanta inmundicia, pretenden volver a sobrerregular nuestra normatividad electoral.

Nos guste o no, la propaganda negativa cumple una función: decir lo que los políticos no quieren comunicar de sí mismos. Sin embargo, y como ocurre con cualquier otro recurso, el abuso es contraproducente. En todo caso es tarea del ciudadano castigar eso. ¿Hay propaganda que denigra y calumnia? Claro, pero debería ser función de tribunales dirimir esas controversias y no de la autoridad electoral.

Otro argumento a favor de las campañas negativas es que muestran la verdadera capacidad de respuesta de un político ante una crisis. Esto es especialmente relevante cuando estamos acostumbrados a la victimización como estrategia dominante frente a un ataque.

Sin embargo en estas elecciones vimos tal vez por vez primera a un candidato plantarse ante los ataques: Francisco García Cabeza de Vaca. En lugar de tirarse al suelo e intentar hacerse el hara-kiri con un tenedor al ser acusado de tener vínculos con el crimen organizado, hizo un spot donde aludió a su experiencia política, presentó documentos y mostró confianza y seguridad.

Ojalá y en las siguientes elecciones tengamos muchos políticos con su capacidad de respuesta. Por lo pronto alguien debería hacer un meme que diga: “dejemos de glorificar a los políticos que se victimizan”, con las fotos de López Obrador y Ricardo Monreal.

¿El ocaso de los candidatos independientes?

Aunque tuvieron su auge durante las últimas elecciones, al parecer ningún candidato independiente va a ganar en esta ocasión. Es posible que se haya sobrevalorado esta figura y sus alcances. Su éxito puede ser sorprendente en ayuntamientos, donde tienen una responsabilidad directa y arraigo en su comunidad. Serán testimoniales en los órganos legislativos, pues se requiere de grupos estables para que funcione una asamblea. Y serán raros a nivel gubernaturas y presidencia.

Quizás lo que vimos fue el colapso de un modelo de comunicación tan “alternativo” que se volvió banal: dividir a los candidatos en “políticos” y “ciudadanos”, sátiras fáciles donde los primeros son “buenos” y los segundos “malos” y referencias banales al sexo. Lo único rescatable fue la propaganda de Armando Cabada: candidato a presidente municipal de Ciudad Juárez: habló de un problema de la comunidad y mostró una imagen profesional y organizada. ¿Será este el futuro de las candidaturas independientes? Esperemos que sí.

¿Conviene subir al ring a Anonymous?

Todavía se encuentra abierto el debate sobre si el hacktivismo sirve o no para algo útil. Pero para el contexto que nos ocupa, cualquier persona puede editar un video para lucir como si fuera parte de Anonymous. De esa forma, subirlo al ring equivale casi a pelear con un troll en redes sociales. Por algo la mayoría de las “filtraciones” se hicieron a través de cuentas y portales que se autoproclamaban parte de ese grupo.

¿Qué hacer? Primero, evitar que el candidato se involucre en las contestaciones. Si se considera conveniente, que dé respuesta una persona autorizada como el coordinador de la campaña o el vocero. Segundo, no identificar esta fuente con un partido. Y tercero, si hay alguna conducta ilícita que se derive de las filtraciones, simplemente denunciarla. Si se cumplen estas condiciones se puede elaborar una respuesta más fría y puntual y menos estridente que de verdad dé el giro al ataque.

Los spot llegaron para quedarse

A pesar de la polémica, los spot de 30 segundos llegaron para quedarse. Según estudios, ese es el tiempo de atención que da el cerebro. Y pocas cosas harían más daño a una democracia que cápsulas de 5 minutos: sólo invitarían al ciudadano a ejercer su derecho al zapping.

Dicho esto, el verdadero reto es hacer mensajes cortos que informen e inspiren. Es un mito que la gente sea completamente racional ante un debate político: es necesario dirigirse al intelecto y a las emociones. Ahí estará buena parte de la competitividad de partidos y candidatos en el futuro.

Por lo pronto, sería recomendable que los estrategas se concentren en propuestas específicas que sean fáciles de entender. Acompañadas por líderes vigente entre los votantes objetivo que muestren juventud y frescura, además de reflejar esas actitudes en sus lenguajes verbal y corporal.